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No recuerdo muchos detalles de aquella fría tarde (me he prohibido recordarlos), sólo sé que llovía y yo, cargada de emociones vacías, vagaba entre los transeúntes en espera del autobús que lo traería de vuelta a casa. Muchas veces le pedí que no volviera, pero no quiso escuchar. Pensaba que sería como en otras ocasiones que después de unas palabras ilusorias yo terminaba aceptándolo otra vez.
Eran miles las razones que tenía para huir de él, sin embargo, allí estaba yo, queriendo que la lluvia se convirtiera en pared para no verlo llegar. Los minutos corrían junto al agua por la alcantarilla. Se me escapaba el tiempo de respirar con libertad sin sentir control del aire.
Mi corazón se aceleraba, como si un desconocido estuviera persiguiéndome. Quería correr, llorar, gritar a todo pecho que tuvieran piedad de mí, que alguien lo convenciera de no llegar, pero mi voz era muda.
Llegó la hora, los pensamientos obtusos ya no tenían lugar… su carita de perro regañado apareció frente a mí y yo inmóvil sonreí como cocodrilo ausente de todo sin algún compromiso.
Fin del desasosiego, moriré un instante y abriré la página dos…

Si a mí me hubieran dicho
que iba a llegar el día
en que los dos no fuéramos
más que simples amigos,
no lo hubiera creído.
Que alguien nos viera, digo,
hablar indiferentes
del sol o de la lluvia
como simples amigos,
no lo hubiera creído.
¡Ay, qué puñal tan fino
éste de cuya herida
me muero y me desangro…!
si me lo hubieran dicho,
no lo hubiera creído.

… recuerdos

Yo solía contar
con los recuerdos destrozados de mis años:
sueños rotos que vagaban por mi mente
una y otra vez buscando nido.
Yo, aprendiz del viejo siglo,
les daba todo mi sentido
aunque cobardes sepultaban mi alegría.
Me entregué a la pasión de cada beso
como fiera desgarrada de nostalgia
fundé un pueblo indiferente
dentro de la mirada consternada de mis ojos
traspasé la frontera de mi verso
y me fundí en el letargo del olvido.
Ahora casi indocta me pregunto
si aun hay cielo,
si hay estrellas más allá de mi ceguera
si esta que alegría que hoy tengo es impostada o es mía
y no consigo explicar
cómo has entrado al sistema que dominaba mi vida
para cambiar mi salida en un camino oportuno.
Pero sin argumentos de orilla
me quedaré en silencio hasta que vuelvas conmigo
y me devuelvas las ganas
que se han quedado en tu mundo
descubiertas por el mío.

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